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La Habana. 20 de mayo de 2003

PANAMA
Frente al Juez, dos filas de matones

POR JEAN-GUY ALLARD -especial para Granma Internacional-

CUANDO se reanude, posiblemente en agosto, el proceso contra el terrorista Luis Posada Carriles, el juez Enrique Paniza tendrá frente a él, no sólo al cabecilla, a sus tres matones y a varios otros delincuentes vinculados a la conspiración, sino también, confortablemente sentados en la sala de audiencia, varios connotados terroristas con amplia y sanguinaria trayectoria que ni siquiera niegan su pertenencia a la organización del ex operativo de la CIA.

El día 15 de mayo, el primer Tribunal Superior de Justicia de Panamá rechazó un recurso de inconstitucionalidad presentado contra una decisión del Juzgado Quinto Penal por el abogado Julio Berríos, en representación de la Central Nacional de Trabajadores, con el fin, entre otras cosas, de que sean revisados los cargos contra Posada y sus cómplices y que sea incluido el de intento de asesinato contra el Presidente de Cuba. Este cargo fue descartado por la Fiscalía bajo el pretexto de que no se encontraron detonadores con la enorme cantidad de explosivos C-4 descubiertos por los investigadores de la policía.

Esta decisión del Primer Tribunal permite al juez Enrique Paniza del Juzgado Quinto Penal fijar una nueva fecha para la audiencia preliminar, interrumpida sorpresivamente el 5 de diciembre, contra Luis Posada Carriles, Pedro Crispín Remón, Guillermo Novo Sampol, Gaspar Eugenio Escobedo, y también los demás acusados en el caso, José Manuel Hurtado Viveros, César Andrés Matamoros, Concepción Figueroa, Raúl Rodríguez Hamouzova y Francisco Arrocha.

EN LA SALA, LA TROPA DE APOYO

Posada, de 74 años de edad, Jiménez Escobedo, de 67, Novo Sampoll, de 62, y Remón, de 58, fueron detenidos en la ciudad de Panamá, el 17 de noviembre del 2000, poco después de que Cuba revelara a las autoridades panameñas una conspiración para asesinar el presidente Fidel Castro en medio de una asamblea de estudiantes, de trabajadores y de indígenas. Este crimen, de haber tenido lugar, hubiera provocado muchas más victimas que el atentado de las Torres Gemelas. Según el abogado de los sindicatos panameños Julio Berríos, el número de personas presentes se elevaba aquella noche a varios miles.

Paradójicamente, mientras los tribunales panameños han rechazado sistemáticamente las solicitudes de habeas corpus presentadas por Rogelio Cruz, el narco-abogado de los terroristas miamenses, al reconocer el alto nivel de peligrosidad de los acusados detenidos y su categoría de terroristas internacionales, el tribunal que analizará finalmente la validez de las acusaciones presentadas tendrá el privilegio de acoger a otro grupo de matones.

Ya en Miami y la propia Panamá, la tropa de delincuentes que cuida los intereses de Posada prepara otras intervenciones en la prensa panameña y su habitual show dentro y afuera del tribunal para proclamar ruidosamente la “inocencia” de sus “héroes”.

Encabezando la tropa de choque se encuentra un peligroso personaje que, si no fuera por la impunidad de la cual se benefician en Miami los terroristas “anti-castristas”, se encontraría detrás de los barrotes.

Toda Miami sabe, y a ún más los cabecillas y miembros de grupos extremistas, que Nelsy Ignacio Castro Matos es miembro activo de varias organizaciones terroristas y ejecutó, durante cuatro décadas, numerosas acciones de carácter criminal contra objetivos civiles y comerciales cubanos y de otros países latinoamericanos.

Este personaje sin escrúpulos es amigo de Luis Posada Carriles desde que ambos trabajaron juntos (gracias a su filiación con la CIA) en la entonces tristemente famosa Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) de Venezuela en la década de 1970.

Después de que Posada Carriles y Orlando Bosch fueron encarcelados como responsables de la voladura de un avión de Cubana de Aviación frente a Barbados en 1976, causando 73 muertos, Castro Matos siguió siendo un cercano colaborador de estos peligrosísimos personajes y les sirvió de enlace con los grupos terroristas de Miami, a través de la Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), valiéndose de su condición de funcionario de la República de Venezuela.

En 1998 viajó a Centroamérica donde contactó con Luis Posada Carriles, a quien apoyó con medios y recursos financieros y le sirvió de enlace con elementos terroristas radicados en Miami en función de ejecutar acciones de terrorismo en Costa Rica, Panamá, Jamaica y México.
Desde la década de los 80, se involucró en planes de atentados contra el presidente Fidel Castro y estuvo vinculado activamente, junto con los cuatro terroristas detenidos ahora en Panamá, en la preparación, desde Miami, del plan para atentar contra la vida del Jefe de Estado cubano durante la realización de la X Cumbre Iberoamericana, en noviembre del año 2000.

Evitando ser arrestado, Castro Matos viajó luego frecuentemente a Panamá a visitar a los cuatro detenidos, llevándoles fondos a fin de cubrir los gastos que se derivan del proceso judicial y de crear condiciones para una eventual fuga.

No obstante estos hechos, fue autorizado en numerosas oportunidades a visitar a Posada y sus matones en la cárcel de El Renacer donde logró obtener su instalación, en condiciones excepcionales, con todas las facilidades de comunicaciones.

A principios de enero del 2001, este individuo, verdadero terrorista profesional, fue recibido por el Procurador General de la República, José A. Sossa, a quien solicitó, entre otras cosas, la no extradición a Cuba de Carriles y el resto de los detenidos. En el mismo período, visitó también a Nicaragua y El Salvador donde sostuvo encuentros con distintos representantes de los respectivos gobiernos, siempre sobre el tema de Posada.

Tres terroristas, detenidos en Cuba en abril del 2001, han reconocido mediante presentación de fotografías y vídeos, a Nelsy Ignacio Castro Matos y sus cómplices de Miami Santiago Alvarez Fernández-Magriña y Rubén Darío López Castro, como participantes en la dirección, organización y financiamiento de la operación en medio de la cual fueron arrestados, cuando se ocuparon, entre otras armas, cuatro fusiles AK 47 calibre 7,62 milímetros de fabricación rumana.

En Panamá, Castro Matos no estará acompañado por Santiago Alvarez, su viejo cómplice, reclamado por INTERPOL, pero sí se encontrará con Rubén Darío López Castro, otro terrorista quien, en octubre de 1973 participó en una acción contra pescadores cubanos en la que resultó asesinado Luis Torna Mirabal. También se enorgullece de haber piloteado una embarcación del grupo Alpha 66 que tiroteó el hotel Guitart Cayo Coco el 20 de mayo de 1995. Aparece involucrado directamente en los preparativos de un atentado fracasado, contra el Presidente de Cuba durante una visita a República Dominicana.

TODO UN CORO DE PELIGROSOS EXTREMISTAS

En la comitiva terrorista de Castro Matos también se encontrará René Cruz Cruz, un terrorista que fue detenido el 12 de diciembre de 1995 por las autoridades norteamericanas en California, cuando participaba en los preparativos para emprender una incursión armada contra Cuba, ocasión en que se le ocupó un importante cargamento de armas de guerra.

Los extremistas Eusebio Peñalver Mazorra, Sergio Díaz y Jorge “Güiro” Borrego, también hacen sus maletas para apoyar a Castro Matos en su gira de promoción del terrorismo anticubano en Panamá, donde se reunirán con Ramón “Raymond” Molina y la furibunda ex alcaldesa Mayin Correa para proclamar la “justeza” de sus actividades criminales.

La causa de Posada y sus cómplices ha atravesado una preocupante sucesión de situaciones judiciales desde el arresto de los sospechosos en noviembre del 2000.

Las solicitudes de extradición, ampliamente justificadas, de Cuba y Venezuela en contra de Posada fueron descartadas, tal como una solicitud de pruebas de ADN y, últimos hallazgos de los que se encargan de salvar a los cuatro terroristas, el detonador de los explosivos que se volatilizó misteriosamente.

También murió uno de los conjurados, Jose “Pepe El cubanao” Valladares, y fue deportado oportunamente a Estados Unidos el narcotraficante Orestes Cossío, vinculado a Posada.

Así que el cuarteto de asesinos terminará enfrentándose no a una acusación de intento de asesinato, como fuera lógico, sino a unas acusaciones menores: posesión de explosivos, asociación ilícita para delinquir y falsificación de documentos públicos. De acuerdo con las legislaciones panameñas, el juez determinara en esta audiencia preliminar si llama el juicio o... sobreseído el caso.

Mientras cante, dentro y fuera de la Corte del juez Paniza, este coro de peligrosos extremistas miamenses, hará falta recordar cómo la Corte Suprema de Panamá, el 22 de noviembre, se negó a liberar bajo fianza a Posada y sus matones, señalando con absoluta claridad su calaña de terroristas internacionales y reconociendo, ipso facto, la total responsabilidad de Panamá con estos individuos.

También habrá que recordar cómo en Estados Unidos, donde los terroristas se benefician de una total impunidad, Cinco cubanos heroicos que arriesgaron sus vidas infiltrando estos círculos están injustamente encarcelados en cinco prisiones distintas del inmenso territorio norteamericano.

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