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    P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana. 20 de mayo de 2003

La fiesta de los “TIBURONES”
El 20 de mayo de 1902 se instauró en Cuba la república neocolonial, versión norteamericana de l os protectorados romanos. Desde  entonces,  quienes han querido desvirtuar la esencia colonialista de esa etapa de la historia, han encontrado en la fecha un pretexto para celebrar

Ernesto Sarría

Títulos como “Geography”, “Home and School Atlas”, “Books and Book basin”, “Children and Nature” y “Grammar School”, provocaron más de una noche de desvelos a los traductores de Gin and Company Publishers. Escritos en inglés, ahora tenían que transcribirlos rápidamente al español y después editarlos, pues el autor de los textos esperaba por ellos.





Alexis Everett Frye, recién nombrado Superintendente General de Escuelas, necesitaba los materiales para nutrir más de 3 000 escuelas recién creadas en Cuba, y para adoctrinar con las nuevas ideas a muchos niños que, sin sospecharlo, se convirtieron a principios del siglo XX en los principales clientes de importantes editoriales norteamericanas como Appleton, The American Books Co., Baldwin, Arnold y Gilbert o Wentworth.

Los escritos, del propio puño y letra de Frye, devenido asesor del interventor Leonardo Wood entre 1899 y 1902 en materia educacional, le darían atractivas ganancias por sus “derechos de autor”. Eso estaba garantizado al imponer como obligatorios en todas las escuelas los libros de su autoría.

Uno de los intentos más escabrosos de manipular la conciencia nacional cubana, cuando Estados Unidos intentó sin éxito imponer patrones educativos espurios, fue caracterizado por el catedrático McLean Wilson, de la Universidad de Columbia en su informe “Foreing Policy Association”:

“Cúpole a Cuba la mala fortuna de que la pauta para el sistema de sus escuelas públicas hubiera sido colocada bajo auspicios norteamericanos y bajo la dirección de un educador escolástico de Massachusetts.”

PROCÓNSUL IMPERIAL

Pocas horas después de ser arriada la bandera norteamericana del asta ubicada en el techo del otrora Palacio de los Capitanes Generales, Wood, con paso cansado y satisfecho, se balanceó por la escala del buque de guerra, y pidió que nadie lo molestara hasta que el barco zarpara.

A esa misma hora, Squiers, desde su mansión de la Quinta Hidalgo, en Marianao, le ordenaba a su edecán las últimas instrucciones de la mañana:

—¿Adónde envío la comunicación, señor?

—A Palacio, por supuesto—, le dijo el primer embajador de Estados Unidos en Cuba, como queriéndole indicar lo estúpido de la pregunta.

Fue el propio Herbert G. Squiers quien entregó a Estrada Palma el 9 de enero de 1903 el borrador del Tratado Permanente, aclarándole que era expresión “del criterio de los Estados Unidos” en lo tocante a los vínculos comerciales entre ambas naciones.

El 4 de julio de 1902 el embajador entregó un anteproyecto de tratado. A fines de noviembre llegó a Cuba el general Tasker H. Bliss, con instrucciones de obligar a aceptar lo propuesto por el presidente norteamericano Roosevelt. Solo hicieron falta dos reuniones. Una para presentarse los negociadores de ambas partes, y la otra para firmar los cubanos.

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“La meta de la política de Estados Unidos hacia Cuba no es un embargo permanente en la economía de Cuba.” *

DESEMBARCO SIN FINAL

Muchos consideran que el 20 de mayo de 1902 terminó la ocupación militar de Cuba. Erróneo. Las tropas se mantuvieron en realidad hasta el 14 de febrero de 1904, fecha en que los últimos soldados abandonaron la fortaleza militar de La Cabaña.

Menos de dos años después volverían a desembarcar en La Habana, amparados en la Enmienda Platt y, por si acaso, hasta 1959 se sucederían las constantes misiones militares y la presencia de marines con uno u otro pretexto, siempre bajo la divisa de “garantizar la tranquilidad ciudadana”.

Solo así, desde su óptica particular, pudiéramos entender que un grupo de marines ebrios orinaran la estatua de José Martí, o que en fecha tan temprana como la ocupación entre 1906 y 1909, los desmanes de la soldadesca en los diferentes acantonamientos llevaran a constantes enfrentamientos con la población civil. Sin embargo, aún cuando estos hechos en ocasiones causaron la muerte de varias personas, ninguna fuerza “cubana” se atrevió a actuar, porque los marinos tenían permiso del almirante Davis para “divertirse”.

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“La meta es libertad para la gente de Cuba.” *

LA TAJADA

El primer empréstito contraído por el gobierno de Estrada Palma se terminó de cancelar en 1944. Samuel Speyer, acaudalado banquero norteamericano, hizo con este uno de los negocios más redondos de su carrera con el dinero. Le dio a Cuba unos 35 millones de pesos en varias partidas, y cobró casi el doble, 63 millones, más la posibilidad de invertir en varias industrias neurálgicas para el país.

Cuando fue desplazado por los intereses de J. P. Morgan, otro magnate, este entregó al gobierno de Zayas unos 55 millones de pesos, y todavía en 1959 seguía cobrando intereses de la deuda.

Para que no quedaran grietas en el negocio, Morgan se apoyó en el procónsul yanqui Enoch Crowder, quien desde el acorazado Minnesota, que ancló en el puerto el 6 de enero de 1921, le dio órdenes de todo tipo a los gobiernos de Menocal y Zayas.
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“Y es importante para los que amen la libertad en esa Isla hermosa saber que nunca faltará nuestra ayuda para ellos.” *

ROMPECUBA

En 1796 el gobierno español encargó a los ingenieros Francisco y Félix Lemaur el estudio y realización de un canal de 19 leguas de largo que uniera los ríos Mayabeque y Almendares.

Más de 150 años después, el proyecto fue desempolvado por Batista, el cual pretendía construir un canal de 95 kilómetros de largo, 40 metros de ancho y 50 pies de calado, que uniera el puerto de Cárdenas y la Bahía de Cochinos.

Para la empresa se requerían unos 500 millones de pesos. El terreno que ocuparía quedaría, al igual que el del istmo panameño, bajo la jurisdicción del concesionario. El negocio estaba en manos de los norteamericanos.

El canal “Rompe Cuba” nunca se llegó a realizar porque a los norteamericanos en ese momento no les representaba un atractivo negocio, y por la fuerte oposición de la población, que no quería a la Isla partida en dos: 34 000 kilómetros cuadrados hacia el oeste y 80 000 al este.

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“Hoy, estoy anunciando una iniciativa para una Cuba nueva que ofrezca al gobierno de Cuba una manera de caminar hacia la democracia y la esperanza, y de mejorar sus relaciones con los Estados Unidos.” *

SUEÑO PLATTISTA

 Innumerables resultan las evidencias de que los Estados Unidos han estado y están interesados en convertir a la Mayor de las Antillas en un protectorado suyo. Durante más de cuarenta años el pueblo cubano se ha opuesto a este designio imperial que comenzó mucho antes de la Enmienda Platt.

Los plattistas de antes y de ahora siempre han querido encontrar alguna justificación moral, geopolítica o económica para su entreguismo. El Imperio también. Ayer fue la necesidad de “protegernos” y hoy son las lecciones que quieren imponernos de su “democracia”.

Pero en el fondo la idea siempre ha sido la misma. Para la cúpula de poder norteamericano apenas somos un territorio que colonizar.

En 1959, había compañías norteamericanas que poseían más de un millón de hectáreas de tierras cubanas, equivalente a la extensión de las provincias de La Habana y Matanzas. Esto, junto al predominio casi absoluto en la industria, el turismo, la telefonía, el gas, el agua, era el resultado de una patraña que tuvo el 20 de mayo de 1902 como jalón fundamental.

Por eso suenan muy huecas las palabras de Bush cuando el año pasado hablaba ante un auditorio “selecto” en la Florida, compuesto por quienes se han dedicado a medrar a costa de la “libertad” de Cuba: “Los Estados Unidos no tienen ningún interés en la soberanía cubana. No es parte de nuestra estrategia, o parte de nuestra visión.”

*Discurso de George W. Bush en la Casa Blanca, Estados Unidos, el 20 de mayo de 2002.

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