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    D E  L A  P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana. 9 de mayo de 2003

Ya podemos hacer el puente
Declara en exclusiva a estas páginas el prestigioso sociólogo
 Heinz Dieterich Sttefan

por alina Perera Robbio /Foto: Franklin Reyes, 
Tomado del diario
Juventud Rebelde

En medio de las múltiples y recientes opiniones que se han alzado en el mundo para defendernos o enjuiciarnos, no pasó desapercibido el modo en que el pensador Heinz Dieterich Steffan hizo pública su manera de mirar los últimos sucesos de la Isla.

Su estilo, que no es el de la pasión, dejó entrever el ojo humanista que mira con luz larga y entiende por qué una Revolución se defiende y defiende la vida de millones de sus hijos.

Los análisis todavía frescos, y la extensa obra del prestigioso sociólogo, hicieron inevitable un diálogo entre nuestro diario y Dieterich, mientras este último tomaba parte ayer en la primera jornada de la Conferencia Internacional Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI.

El socialismo del siglo XXI y el proyecto de transición fue el tema expuesto en el primer panel del evento por Dieterich, quien actualmente es profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de México, y cuenta en su lista creativa con más de 300 ensayos y artículos publicados en decenas de países, así como con una treintena de libros.   

—Usted ha hablado del nuevo proyecto histórico de las mayorías, entendido en el socialismo del siglo XXI como una democracia de nuevo tipo. ¿Podría explicar ese concepto?

—La sociedad global está desarrollándose y evolucionando hacia esa nueva sociedad que puedes llamar socialismo del siglo XXI, o democracia participativa post capitalista. Es la única alternativa del futuro, pues todo fenómeno social tiene un tiempo de vida productivo limitado, y el tiempo de vida productivo de la sociedad burguesa está llegando a su fin.

“La sociedad burguesa se sostiene en tres instituciones: la economía nacional de mercado, la democracia plutocrática, y el estado clasista. Esa institucionalidad ya no sirve para satisfacer las necesidades de la gente. No sirve en lo ecológico, ni en lo económico, y mucho menos en lo democrático.

“Tener hoy una posición anticapitalista significa decir cuáles serán las instituciones que sustituyan a las actuales agotadas hoy por la civilización burguesa. Esa nueva institucionalidad de la sociedad post capitalista es la economía democráticamente planificada, con equivalencias basadas en el valor objetivo de las mercancías.

“Se trata de una democracia plebiscitaria en los asuntos trascendentales de la vida pública, y de un estado al servicio de las grandes mayorías.

“Al tener científicamente establecida la nueva casa institucional en la cual la humanidad vivirá, ya podemos trazar dentro de esa lógica el programa de transición, ya podemos hacer el puente porque conocemos el punto final del viaje.”

—¿Cómo usted se imagina que en medio del fascismo de nuevo tipo que vive el mundo, esa sociedad que en teoría puede verse tan clara, llegue a ser palpable?

—La evolución objetiva de la Humanidad, de la sociedad global, va en esa dirección. Inevitablemente. Si nosotros sabemos que la evolución —que es movimiento— va en dirección del postcapitalismo, ya sabemos que estamos del lado correcto. Y ese es un primer paso importante para llegar a lo palpable.

“La transición, a mi modo de ver, no será a través de la clásica toma del Palacio de Invierno, ni de la guerra de guerrillas. Lo que se avizora es la implosión de los sistemas capitalistas. Lo que no excluye, por supuesto, que en algunas partes las cosas vayan a ser mucho más violentas.

“Pero en términos generales el patrón de transición, a mi juicio, será la implosión, sobre todo en las metrópolis.”

—¿Y cómo encaja todo eso en la actual situación del mundo, cuando una guerra acontece como algo inevitable ante la impotencia de las grandes mayorías?

—Por su actual tecnología el capitalismo ya no hace planes en dimensiones de nación sino en dimensiones regionales. Hay que hablar, por tanto, de megaproyectos de reestructuración capitalista.

“De hecho el primero que implementó esto con cierta sistematicidad fue Hitler. La guerra era el megaproyecto de la reestructuración de toda Europa Central y Oriental en beneficio del capital alemán.

“La lógica de la intervención estadounidense en el Medio Oriente es exactamente la misma, y ha sido expresada por los voceros del expansionismo sionista, quienes han dicho textualmente que la estabilidad del Medio Oriente dentro de un orden que conviene a Tel Aviv, a Londres, y a Washington, pasa por el control de Irán, Iraq, Siria, Palestina y Líbano.

“Ellos han dicho: vamos a tener estabilidad desde el Golfo Pérsico hasta las costas atlánticas de Marruecos. Esa es la razón de ser de la intervención militar actual.

“En términos de economía política, la razón de ser de la guerra es para controlar el petróleo y las aguas potables. De las cuatros grandes cuencas petrolíferas que tiene el mundo, tres están en Arabia Saudita, Iraq, y el Mar Caspio. La cuarta está en Venezuela. Todas tienen más o menos el mismo volumen: unos 160 millones de barriles.

“En cuanto a las reservas de agua dulce, el sistema fluvial que implican el Éufrates y el Tigris es considerable. Es fundamental para cualquier megaproyecto, llevar agua dulce no solo del río Jordán, sino también del Éufrates hasta Israel. Ese es otro motivo para la intervención.

“Algo semejante sucede en América Latina. El megaproyecto aquí es la anexión a través del ALCA, con su componente militar: el Plan Colombia, y el componente monetario: la dolarización.”

—Mientras el imperio pueda expandirse, los estallidos o cambios demorarán en suceder...

—No lo creo, porque el crecimiento de conciencia ante la neutralización del derecho y la ética internacionales, se ha reflejado en 30 millones de personas que han ido a las calles a protestar en cifras de rechazo a la guerra del 90 al 95 por ciento en muchos países.

“Esto ha desenmascarado a ese sistema supuestamente democrático y ha dejado a Estados Unidos sin el capital político que había detentado en los últimos 80 años como ‘potencia líder’ de la democracia.

“La guerra ha tenido un costo político extremadamente alto que lleva a cada vez más personas, junto con la crisis económica que el sistema no resuelve, a la conclusión de que se necesita otro tipo de civilización postcapitalista.”

—Actualmente, ¿en qué consiste ser revolucionario?

—Ser revolucionario ha significado en todos los tiempos querer cambiar la institucionalidad de un sistema existente.

“Ser revolucionario hoy día significa tener una propuesta que sustituya esas instituciones por otras más afines a las necesidades de la gente. Ya sabemos cuáles son las instituciones de la sociedad postcapitalista. Ser reformista significa querer reformar esas instituciones. Ser revolucionario significa querer sustituirlas.

“El segundo método del revolucionario es la metodología, una praxis ética donde el fin no justifique los medios. Entonces es fácil ser revolucionario en el sentido de empezar a luchar por una institucionalidad postcapitalismo, siempre y cuando se aplique una praxis trasparente que respete las normas del Derecho y de la ética.”

—¿Cuál es su valoración de la Revolución cubana en las actuales circunstancias?

—En tal caso es inevitable mencionar a Fidel Castro, quien es lo que yo llamaría la conciencia moral de la sociedad global, por atreverse a decir frente a la cara del imperio, lo que hay que decir y denunciar. En ese sentido ha dado un ejemplo.

“Lo otro a decir es que Cuba ha demostrado que, incluso en tiempos de crisis extrema, se puede mantener la esencia humanística de un proyecto, se puede proteger a las mayorías.

“Y se puede, además, estabilizar lo logrado: se amplía la educación, descienden las tasas de mortalidad infantil, todo en medio de una lucha por la dignidad como ingrediente imprescindible en cualquier resistencia frente a una potencia ilegítima como los Estados Unidos.

“En muchos momentos Cuba ha sido el refugio de gente que luchaban por ser libres. ¿Cuántos guerrilleros del mundo han salvado su vida en ella? A Vietnam se le dio un apoyo inestimable durante la invasión de los gringos. Y este, a mi modo de ver, es un elemento glorioso que debe destacarse urgentemente.

“Los verdaderos méritos de la Revolución, los procesos de Revolución de los últimos 40 años no se conocen bien y están por estudiarse a fondo. El mismo desarrollo de la medicina es un capítulo aparte. Con las nuevas vacunas que pronto van a salir, y con lo que ya hicieron en la Isla contra la meningitis, ese complejo de investigación ha pasado a formar parte del patrimonio de la humanidad que hay que proteger de la voracidad de las transnacionales estadounidenses y europeas y del intento de destrucción militar.”

—¿Qué trascendencia le encuentra a estudiar el pensamiento de Marx en un momento como este?

—Es algo tan crucial como estudiar el pensamiento de José Martí, el de Lenin, o el de otros grandes próceres, sin perder de vista que por más genial que sea el razonamiento de una persona, siempre este estará cautivo de las condiciones objetivas del momento.

“Todo pensamiento, por más grande y genial que sea, tiene elementos que son históricos y otros que trascienden definitivamente. El arte de interpretar la Historia y a los grandes pensadores consiste en saber cuál es el fuego, y cuál es la ceniza de las ideas. Qué es útil y que no. Discernir eso es clave en un momento en el cual, sin dudas, Marx sigue teniendo utilidad.”

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