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Ya
podemos hacer el puente
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Declara en
exclusiva a estas páginas el prestigioso sociólogo
Heinz Dieterich Sttefan
por
alina Perera Robbio /Foto: Franklin Reyes,
Tomado del diario Juventud
Rebelde
En
medio de las múltiples y recientes opiniones que se
han alzado en el mundo para defendernos o
enjuiciarnos, no pasó desapercibido el modo en que
el pensador Heinz Dieterich Steffan hizo pública su
manera de mirar los últimos sucesos de la Isla.
Su
estilo, que no es el de la pasión, dejó entrever
el ojo humanista que mira con luz larga y entiende
por qué una Revolución se defiende y defiende la
vida de millones de sus hijos.
Los
análisis todavía frescos, y la extensa obra del
prestigioso sociólogo, hicieron inevitable un diálogo
entre nuestro diario y Dieterich, mientras este último
tomaba parte ayer en la primera jornada de la
Conferencia Internacional Carlos Marx y los desafíos
del siglo XXI.
El
socialismo del siglo XXI y el proyecto de transición
fue el tema expuesto en el primer panel del evento
por Dieterich, quien actualmente es profesor de
Sociología de la Universidad Autónoma de México,
y cuenta en su lista creativa con más de 300
ensayos y artículos publicados en decenas de países,
así como con una treintena de libros.
—Usted
ha hablado del nuevo proyecto histórico de las
mayorías, entendido en el socialismo del siglo XXI
como una democracia de nuevo tipo. ¿Podría
explicar ese concepto?
—La
sociedad global está desarrollándose y
evolucionando hacia esa nueva sociedad que puedes
llamar socialismo del siglo XXI, o democracia
participativa post capitalista. Es la única
alternativa del futuro, pues todo fenómeno social
tiene un tiempo de vida productivo limitado, y el
tiempo de vida productivo de la sociedad burguesa
está llegando a su fin.
“La
sociedad burguesa se sostiene en tres instituciones:
la economía nacional de mercado, la democracia
plutocrática, y el estado clasista. Esa
institucionalidad ya no sirve para satisfacer las
necesidades de la gente. No sirve en lo ecológico,
ni en lo económico, y mucho menos en lo democrático.
“Tener
hoy una posición anticapitalista significa decir cuáles
serán las instituciones que sustituyan a las
actuales agotadas hoy por la civilización burguesa.
Esa nueva institucionalidad de la sociedad post
capitalista es la economía democráticamente
planificada, con equivalencias basadas en el valor
objetivo de las mercancías.
“Se
trata de una democracia plebiscitaria en los asuntos
trascendentales de la vida pública, y de un estado
al servicio de las grandes mayorías.
“Al
tener científicamente establecida la nueva casa
institucional en la cual la humanidad vivirá, ya
podemos trazar dentro de esa lógica el programa de
transición, ya podemos hacer el puente porque
conocemos el punto final del viaje.”
—¿Cómo
usted se imagina que en medio del fascismo de nuevo
tipo que vive el mundo, esa sociedad que en teoría
puede verse tan clara, llegue a ser palpable?
—La
evolución objetiva de la Humanidad, de la sociedad
global, va en esa dirección. Inevitablemente. Si
nosotros sabemos que la evolución —que es
movimiento— va en dirección del postcapitalismo,
ya sabemos que estamos del lado correcto. Y ese es
un primer paso importante para llegar a lo palpable.
“La
transición, a mi modo de ver, no será a través de
la clásica toma del Palacio de Invierno, ni de la
guerra de guerrillas. Lo que se avizora es la
implosión de los sistemas capitalistas. Lo que no
excluye, por supuesto, que en algunas partes las
cosas vayan a ser mucho más violentas.
“Pero
en términos generales el patrón de transición, a
mi juicio, será la implosión, sobre todo en las
metrópolis.”
—¿Y
cómo encaja todo eso en la actual situación del
mundo, cuando una guerra acontece como algo
inevitable ante la impotencia de las grandes mayorías?
—Por
su actual tecnología el capitalismo ya no hace
planes en dimensiones de nación sino en dimensiones
regionales. Hay que hablar, por tanto, de
megaproyectos de reestructuración capitalista.
“De
hecho el primero que implementó esto con cierta
sistematicidad fue Hitler. La guerra era el
megaproyecto de la reestructuración de toda Europa
Central y Oriental en beneficio del capital alemán.
“La
lógica de la intervención estadounidense en el
Medio Oriente es exactamente la misma, y ha sido
expresada por los voceros del expansionismo
sionista, quienes han dicho textualmente que la
estabilidad del Medio Oriente dentro de un orden que
conviene a Tel Aviv, a Londres, y a Washington, pasa
por el control de Irán, Iraq, Siria, Palestina y Líbano.
“Ellos
han dicho: vamos a tener estabilidad desde el Golfo
Pérsico hasta las costas atlánticas de Marruecos.
Esa es la razón de ser de la intervención militar
actual.
“En
términos de economía política, la razón de ser
de la guerra es para controlar el petróleo y las
aguas potables. De las cuatros grandes cuencas
petrolíferas que tiene el mundo, tres están en
Arabia Saudita, Iraq, y el Mar Caspio. La cuarta está
en Venezuela. Todas tienen más o menos el mismo
volumen: unos 160 millones de barriles.
“En
cuanto a las reservas de agua dulce, el sistema
fluvial que implican el Éufrates y el Tigris es
considerable. Es fundamental para cualquier
megaproyecto, llevar agua dulce no solo del río
Jordán, sino también del Éufrates hasta Israel.
Ese es otro motivo para la intervención.
“Algo
semejante sucede en América Latina. El megaproyecto
aquí es la anexión a través del ALCA, con su
componente militar: el Plan Colombia, y el
componente monetario: la dolarización.”
—Mientras
el imperio pueda expandirse, los estallidos o
cambios demorarán en suceder...
—No
lo creo, porque el crecimiento de conciencia ante la
neutralización del derecho y la ética
internacionales, se ha reflejado en 30 millones de
personas que han ido a las calles a protestar en
cifras de rechazo a la guerra del 90 al 95 por
ciento en muchos países.
“Esto
ha desenmascarado a ese sistema supuestamente democrático
y ha dejado a Estados Unidos sin el capital político
que había detentado en los últimos 80 años como
‘potencia líder’ de la democracia.
“La
guerra ha tenido un costo político extremadamente
alto que lleva a cada vez más personas, junto con
la crisis económica que el sistema no resuelve, a
la conclusión de que se necesita otro tipo de
civilización postcapitalista.”
—Actualmente,
¿en qué consiste ser revolucionario?
—Ser
revolucionario ha significado en todos los tiempos
querer cambiar la institucionalidad de un sistema
existente.
“Ser
revolucionario hoy día significa tener una
propuesta que sustituya esas instituciones por otras
más afines a las necesidades de la gente. Ya
sabemos cuáles son las instituciones de la sociedad
postcapitalista. Ser reformista significa querer
reformar esas instituciones. Ser revolucionario
significa querer sustituirlas.
“El
segundo método del revolucionario es la metodología,
una praxis ética donde el fin no justifique los
medios. Entonces es fácil ser revolucionario en el
sentido de empezar a luchar por una
institucionalidad postcapitalismo, siempre y cuando
se aplique una praxis trasparente que respete las
normas del Derecho y de la ética.”
—¿Cuál
es su valoración de la Revolución cubana en las
actuales circunstancias?
—En
tal caso es inevitable mencionar a Fidel Castro,
quien es lo que yo llamaría la conciencia moral de
la sociedad global, por atreverse a decir frente a
la cara del imperio, lo que hay que decir y
denunciar. En ese sentido ha dado un ejemplo.
“Lo
otro a decir es que Cuba ha demostrado que, incluso
en tiempos de crisis extrema, se puede mantener la
esencia humanística de un proyecto, se puede
proteger a las mayorías.
“Y
se puede, además, estabilizar lo logrado: se amplía
la educación, descienden las tasas de mortalidad
infantil, todo en medio de una lucha por la dignidad
como ingrediente imprescindible en cualquier
resistencia frente a una potencia ilegítima como
los Estados Unidos.
“En
muchos momentos Cuba ha sido el refugio de gente que
luchaban por ser libres. ¿Cuántos guerrilleros del
mundo han salvado su vida en ella? A Vietnam se le
dio un apoyo inestimable durante la invasión de los
gringos. Y este, a mi modo de ver, es un elemento
glorioso que debe destacarse urgentemente.
“Los
verdaderos méritos de la Revolución, los procesos
de Revolución de los últimos 40 años no se
conocen bien y están por estudiarse a fondo. El
mismo desarrollo de la medicina es un capítulo
aparte. Con las nuevas vacunas que pronto van a
salir, y con lo que ya hicieron en la Isla contra la
meningitis, ese complejo de investigación ha pasado
a formar parte del patrimonio de la humanidad que
hay que proteger de la voracidad de las
transnacionales estadounidenses y europeas y del
intento de destrucción militar.”
—¿Qué
trascendencia le encuentra a estudiar el pensamiento
de Marx en un momento como este?
—Es
algo tan crucial como estudiar el pensamiento de José
Martí, el de Lenin, o el de otros grandes próceres,
sin perder de vista que por más genial que sea el
razonamiento de una persona, siempre este estará
cautivo de las condiciones objetivas del momento.
“Todo
pensamiento, por más grande y genial que sea, tiene
elementos que son históricos y otros que
trascienden definitivamente. El arte de interpretar
la Historia y a los grandes pensadores consiste en
saber cuál es el fuego, y cuál es la ceniza de las
ideas. Qué es útil y que no. Discernir eso es
clave en un momento en el cual, sin dudas, Marx
sigue teniendo utilidad.”
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