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Argentina
Washington
empieza a presionar
Después
del enorme show montado por el ex presidente Carlos
Menem, parecería que Argentina pasa a una nueva
etapa de su vida política.
El último
acto de Menem, convertido ya en una momia pública,
fue armar todo un ambiente de suspenso de dos días
alrededor de si renunciaba o no a la candidatura
para la segunda vuelta de las elecciones
presidenciales.
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Walter Gareca
es
uno de los miles de
desempleados
argentinos que
esperan un futuro
mejor.
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Acostumbrado
a ser centro del espectáculo, el ex gobernador de
La Rioja no podía aceptar que las encuestas le señalaran
una derrota aplastante, sin ningún tipo de dudas,
como rechazo generalizado de los argentinos a diez años
de implantación de un neoliberalismo en crisis y de
la sumisión a Estados Unidos.
Luego
del guión bien escenificado por el actor Menem para
evitar que Néstor Kirchner, prácticamente ya
presidente, fuera elegido por una enorme mayoría de
votos, Argentina espera ahora por las medidas del
nuevo mandatario.
Al
menos por las declaraciones, Kirchner se ha mostrado
partidario del MERCOSUR y de cortar las
"relaciones carnales" con Estados Unidos,
establecidas por Menem y continuadas por Fernando de
la Rúa.
Sin
embargo, el mismo día de la renuncia de Menem, John
Taylor, subsecretario para Asuntos Internacionales
del Departamento del Tesoro (Hacienda) dijo que
"el próximo gobierno tendrá la oportunidad de
realizar reformas más profundas y
permanentes".
Para
Taylor, aún quedaban problemas estructurales de
largo plazo en Argentina que debían ser tratados,
incluida la deuda pública.
El
alto funcionario, evidentemente, considera poco el
perjuicio causado por los años del liberalismo y
recomienda medidas "más profundas y
permanentes", como si estuviera lanzando contra
el hambreado pueblo argentino bombas económicas
semejantes a las bombas explosivas de Iraq.
Los
anuncios de los niños que mueren frecuentemente de
desnutrición no son asunto de Washington, en todo
caso, se pueden considerar "daños
colaterales" de los misiles económicos
norteamericanos.
Apenas
se conoce quién encabezará el nuevo Gobierno, ya
Washington comienza con las presiones para imponer
la línea de política económica que fracasó
precisamente en Argentina, casi como una burla a los
ciudadanos de una nación que viven en permanente
repudio a los llamados ajustes estructurales.
Los
altos funcionarios de Bush no quieren perder ninguna
oportunidad para dar órdenes, aunque sea de esta
forma. Los métodos de chantaje y presión brutales
tendrán tiempo de usarlos si el nuevo Gobierno
argentino que asumirá el 25 de mayo muestra desvíos
del pensamiento único que desean implantar en el
planeta.
Por
supuesto, las declaraciones de Kirchner sobre su
apego al MERCOSUR y el abandono de las
"relaciones carnales" con Estados Unidos
son dos elementos que preocupan ya en Washington,
porque no desean ejemplos de disenso en el orden
unipolar de la humanidad.
Pero
para su desgracia, los hay, y precisamente la agresión
a Iraq mostró ampliamente, con millones de
manifestantes y el rechazo de muchos gobiernos, que
abundan los opositores, dentro y fuera de EE.UU., y
que no se dejan intimidar por el torrente de armas
poderosas que Washington pone en juego contra los países
débiles.
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