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Médicos
cubanos mejoran indicadores
de salud en Honduras
POR GISELA RODRÍGUEZ ARMAS
La aplicación del
Programa Integral de Salud de Cuba (PIS) en Honduras
mejora los indicadores de salud de esa población,
según cifras oficiales del ministerio encargado de
la tarea en la nación centroamericana.
Los datos reflejan
la disminución de la mortalidad infantil en cerca
del 20 por ciento, desde que en 1998 se iniciara la
ayuda de la Isla, mientras la materna descendió a
110 por cada 100 000 nacidos vivos.
Para los
cooperantes cubanos el 74 por ciento de las causas
de la mortalidad materna en el país centroamericano
son prevenibles, así como el 78 por ciento de las
enfermedades que conforman el cuadro de salud,
equivalentes a más de 16 mil pacientes.
De 6,5 millones de
hondureños, al menos un millón 300 mil no tienen
acceso a los servicios de salud ni poseen el mínimo
de conocimientos para prevenir y actuar contra los
males que les aquejan.
Se estima que
alrededor de 65 mil personas están infestados con
el VIH-SIDA, de los cuales el 52 por ciento
corresponde al sexo femenino y el 48 al masculino,
sin que existiera (antes de la presencia cubana)
alguna fórmula educativa o de atención médica
capaz de frenar el desarrollo de la epidemia.
Más del 60 por
ciento de los médicos hondureños activos, laboran
en la capital dadas las condiciones de trabajo y de
remuneración. De esta forma cerca del 65 por ciento
de las zonas del país quedan sin atención médica.
Actualmente en
Honduras laboran más de 200 médicos de la mayor de
Las Antillas ubicados en las zonas más afectadas
por el huracán Mitch (parte norte hacia el
Atlántico, central y sur).
Como en otras
naciones del área el PIS se estableció en varias
etapas que abarcó la atención a las emergencias,
el fortalecimiento de la atención hospitalaria, la
ubicación del personal médico de la Isla en las
zonas más alejadas y el otorgamiento de becas para
estudiar medicina en Cuba.
Le sucedió la
implementación de la atención primaria, la
dispensarización, la medicina natural y
tradicional, el ingreso en el hogar y la cirugía
ambulatoria, más el desarrollo de la vigilancia
epidemiológica.
Otro aspecto que influyó en los resultados
obtenidos por los cubanos es la creación de
círculos para adolescentes, lactantes, embarazadas
y abuelos, dirigidos a orientar a cada grupo en
correspondencia con sus necesidades y la situación
sanitaria de cada comunidad.
De esta forma se
inmunizaron contra diferentes enfermedades más del
80 por ciento de los infantes y embarazadas
residentes en estas zonas.
Se definió el
cuadro de salud del país caracterizado, en lo
fundamental, por la presencia de enfermedades
transmisibles: infecciones respiratorias
(tuberculosis), diarréicas, de la piel, parasitismo
intestinal, malaria, paludismo, dengue y de
transmisión sexual.
También fueron
detectados casos de hipertensión arterial en cerca
del 15 por ciento de los habitantes, de los cuales
aproximadamente el 85 por ciento desconocían la
existencia de la enfermedad.
La actividad
integral del personal cubano pretende mejorar los
niveles alcanzados, para lo cual presta especial
atención a las condiciones higiénico-sanitarias en
las localidades, pues el saneamiento de las
viviendas y sus alrededores y el tratamiento de las
aguas para consumo complementan la prevención.
Con esta
concepción más de 500 hondureños cursan estudios
en la Escuela Latinoamericana de Medicina, de La
Habana.
Se estima que para
el 2005 cerca de 300 se gradúen y sustituyan a los
cooperantes cubanos, a fin de que nunca más sus
hospitales vuelvan a ser subutilizados y los
policlínicos queden vacíos, mientras la población
carece de atención médica. (WORLD DATA SERVICE)
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