TRANSTUR TAXI ONLINE

12 de septiembre de 2002

México-Cuba: ¿fría normalización?

POR GABRIEL MOLINA

EL grado de influencia de Estados Unidos en nuestros países es mayor que nunca y es probable que ocupe un lugar hegemónico en el mundo que ninguna potencia había ocupado, tal vez, incluso, desde el Imperio Romano. Esta inusual comparación de imperios está contenida en palabras del canciller de México, Jorge Castañeda, en una declaración en Santiago de Chile al diario El Mercurio, difundida por la agencia Notimex, el 26 de agosto último.


Castañeda junto George W. Bush, cuando la Cumbre
de Monterrey, celebrada
en marzo pasado.

El Jefe de la diplomacia mexicana sostuvo que "su poderío y su preeminencia militar, económica y cultural (de Estados Unidos) son tales, que ninguna potencia en la historia reciente parece haberla tenido". Algún tiempo antes, el 12 de junio de este año 2002, Castañeda confesaba en un discurso en Tijuana, ante la Universidad Iberoamericana, que “un elemento central de nuestra estrategia internacional (de México) ha sido el establecimiento de una relación más profunda y más estrecha con Estados Unidos... Sin embargo, en la capital chilena expresaba que el rol de Estados Unidos "tiene efectos complicados porque la gran riqueza, la gran diversidad, la gran pluralidad de la sociedad norteamericana no son necesariamente lo que repercute afuera". "Lo que repercute afuera suele ser más bien una cierta concentración de poder militar, económico, político, incluso ideológico, que en efecto puede resultar aplastante en muchos casos para muchas sociedades", subrayó. Inusualmente también, Castañeda coincidía con declaraciones hechas en 1998 por el presidente Fidel Castro: "Estados Unidos no es una potencia continental, Estados Unidos es una potencia mundial y es la única superpotencia en el mundo con un dominio prácticamente absoluto en el terreno político, militar, económico, tecnológico y cultural. No se olviden de eso: dominio cultural”. Castañeda pareció prevenir al continente del poder aplastante que recordó posee Estados Unidos, aconsejando, de acuerdo con la experiencia de México, que “no se deslumbren con la eventual suscripción de un Tratado de Libre Comercio (TLC) bilateral con Estados Unidos, ni atribuirle más beneficios de los que realmente tiene. “La experiencia mexicana es contradictoria. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte ha traído grandes beneficios para ciertos sectores económicos del país, para ciertas regiones del país, para cierto segmento del empresariado. Sin embargo, ha traído también consecuencias negativas para otras regiones, para otros sectores y para otros segmentos", indicó con pesar el Canciller. En efecto, una parte del empresariado mexicano se ha beneficiado, el ligado con las transnacionales. En el Encuentro Hemisférico de Lucha contra el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), efectuado en La Habana, del 13 al 16 de noviembre del 2001, la Declaración Final expresó que “es una integración para desintegrar las economías nacionales, las sociedades y las diversas culturas de las Américas, en beneficio exclusivo de las corporaciones transnacionales”.

El delegado mexicano Alberto Arroyo rebautizó al ALCA, firmado en Quebec, en abril del 2001, como “Acuerdo de Libre Colonización de las Américas”.

El profesor de Economía de la Universidad de Puebla, Jaime Estay, dijo en La Habana que se estuvieron discutiendo borradores y acuerdos de difícil comprensión, sin que ni siquiera se dieran a conocer públicamente los documentos de las negociaciones.

EL MEJOR NEGOCIO PARA LAS TRANSNACIONALES

Algunas de las consecuencias negativas que mencionó ahora Castañeda sin especificarlas, las enumeró en la reunión Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones sobre la Economía Mundial: mayor desempleo para los trabajadores, la quiebra y desaparición de las pequeñas y medianas industrias, la desesperación para los campesinos por el ingreso indiscriminado de los productos de EE.UU. fuertemente subsidiados y la falta de acceso para los jóvenes a la enseñanza privada. En fin, “el mejor negocio para las transnacionales”.

No obstante, Castañeda extrajo benévolas conclusiones sobre el TLC y el ALCA: "La lección nuestra puede ser, en primer lugar, no sobrevender los beneficios del acuerdo. Es decir, presentarlo de una manera prudente y sensata a la sociedad", indicó. “En segundo lugar, tratar, hasta donde sea posible, de proteger a los sectores que vayan a ser perjudicados o menos favorecidos y de no volcarse a los que de todas maneras van a ser beneficiados", señaló. La presente tendencia de poner en duda la únicamente beneficiosa relación bilateral con EE.UU. se notaba también de modo menos acusado en las palabras en la Universidad Iberoamericana: “La principal tarea del Gobierno del presidente Fox ha sido -y, seguramente, seguirá siendo- profundizar y consolidar esa transición fundamental registrada el 2 de julio del 2000... Indudablemente, esta política implica un cambio respecto de las prioridades internacionales de anteriores gobiernos (defensa de la soberanía, principio de no intervención)... No obstante, el compromiso más importante que nuestros gobiernos han adquirido en estos meses es el de establecer un marco ordenado y seguro para la migración, basado en el principio de responsabilidad compartida.

Al principio, Washington pareció atender el reclamo, con el beneplácito de la Cancillería. Pero después de los ataques con los vuelos kamikases en Nueva York y Washington, la polarización de Bush con el tema del terrorismo dejó a Castañeda colgado de la brocha.

Un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos negó el derecho al pago de salarios a un trabajador mexicano indocumentado, quien fue despedido por haber promovido la creación de un sindicato en la compañía en que laboraba. El precedente llevó al Canciller a “subrayar la necesidad de alcanzar un acuerdo migratorio que tenga como componente central la regularización de mexicanos en ese país... El ejemplo más dramático y doloroso de las consecuencias que acarrea la falta de un acuerdo integral en materia migratoria lo ofrecen las condiciones de peligro que enfrentan aquellos trabajadores que se internan sin documentos en Estados Unidos y el número de fallecimientos que ello provoca. Aunque hemos logrado disminuir de manera significativa ese número... cada muerte es un hecho innecesario e intolerable. La noticia que recibimos ayer del trágico deceso de 15 inmigrantes en el desierto de Arizona, es una prueba dolorosa de la urgencia de avanzar en el enorme vuelco conceptual -inclusive histórico-... “No cabe duda de que los acuerdos que ambos países suscribimos en Monterrey, en marzo pasado, apuntan en la dirección correcta... Pero el extraordinario avance que México y Estados Unidos han logrado al concebir una nueva relación, más profunda y estrecha, no podrá consolidarse si no estamos preparados para comprometernos. Y hay que reconocer que, a pesar del diálogo continuo y del avance conceptual que hemos alcanzado en nuestra visión compartida del futuro, los resultados de las negociaciones en materia migratoria, que son una parte fundamental de esa visión, han sido hasta ahora insuficientes... sin avances de sustancia, y éstos no se darán sin encontrar una solución integral al tema de la migración”.

En un artículo sobre la política exterior, Agustín Gutiérrez Canet señalaba esta semana en la revista Proceso que la imagen de México ante el mundo cambió sustancialmente desde diciembre del 2000, debido a la forma como la impartió Castañeda. El Canciller “redujo la defensa de los derechos humanos prácticamente a un solo país, Cuba, mientras que se hizo de la vista gorda ante los atropellos cometidos en Estados Unidos contra los emigrantes mexicanos. Dureza con los cubanos y tibieza con los norteamericanos, con sus matices”.
Agregó que el Gobierno desaprovechó la oportunidad histórica de promover los intereses del país en un ambiente favorable, de respeto internacional, “al reconcentrar nuestras relaciones en un solo país, Estados Unidos”.

“Ante el discurso polarizado de los Estados Unidos: “Quien no está con
nosotros está contra nosotros”, México podría promover una política de
tolerancia y de diálogo, para lo cual la acción con los países
latinoamericanos y europeos es fundamental. A mediano plazo, esta
política podría incluso encontrar apoyo en sectores políticos y académicos en el interior de los Estados Unidos, que comienzan ya a distanciarse del discurso belicista de la Administración Bush.
“Asimismo, es necesario que la política exterior de México sea factor de consenso y unidad al interior del país y no pretexto o instrumento de
enfrentamiento y división. Los principios de política exterior, en tanto la
Constitución no sea modificada, están para aplicarse, aunque pueden ser interpretados de acuerdo con realidades específicas”, concluyó diciendo Proceso.
LOS SUCESOS Y ACUERDOS DE MONTERREY

Pero la oculta condición para adelantar en los temas migratorios que los sucesos de Monterrey mostraron (la invitación a Fidel de abandonar el territorio mexicano después del almuerzo y la posterior votación contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos), se mantiene vigente. En contraste con la pasión en el trato con Estados Unidos, la relación con el pueblo hermano la resumió Castañeda diciendo al diario chileno que "no hay emociones en la relación de su país con Cuba, la que camina hacia una normalización fría, que es funcional a ambos países".

Castañeda se atribuye la facultad que nadie le ha conferido de hablar a nombre de la isla antillana. Estoy seguro de que para el Gobierno cubano no es “funcional” un enfriamiento con México, pues no ha disminuido un ápice el calor y el cariño por este país.


Javier SotomayorDocumentos | Revistas | Correo-E | Inglés | Francés | Portugués | Alemán
© Copyright. 1996-2002. Todo los derechos reservados. GRANMA INTERNACIONAL DIGITAL. Cuba