28
de septiembre de 2002
Cáucaso ruso
Chispas sobre un polvorín
ARSENIO RODRÍGUEZ
Los últimos acontecimientos
bélicos ocurridos en el Cáucaso Norte, territorio que muchos
califican como un polvorín, son en realidad peligrosas
chispas que pueden provocar una situación explosiva en esta
parte de Europa del Este.
El último fin de semana de
septiembre, las agencias internacionales de prensa reportaron
enfrentamientos entre efectivos del Ejército Federal ruso y
separatistas chechenos, en esta ocasión en territorio de la
República de Ingushetia, peligrosamente muy cerca de
Daguestán.
En los choques armados
perecieron más de 70 separatistas, entre los que se
encontraban varios con identificación de países árabes, de
Turquía, Georgia, y John Scott, quien supuestamente era un
periodista británico con visa georgiana.
De esta dramática manera
fueron confirmadas las especulaciones acerca de la presencia
de separatistas chechenos en Georgia, concretamente en el
desfiladero de Pankisi; en esta ocasión unos 300 de ellos
cruzaron la frontera desde esta república con el objetivo de
apoderarse del poblado de Galashki, en Ingushetia.
Luego de concluidos los
combates se conoció, según fuentes militares rusas, que los
separatistas habían sido trasladados hasta allí en
helicópteros georgianos, mediante el pago en dólares,
evidenciándose que la preocupación de Moscú tenía bases
sólidas, en cuanto al papel que desempeñan ciertas fuerzas
en esa nación ex soviética en contra de Rusia.
LA RUTA DEL PETRÓLEO
Esta parte del inmenso
territorio ruso constituye el escenario de una guerra que no
concluye, la de Chechenia, y no por casualidad. Esta
república es rica en reservas petroleras y de la industria
petroquímica, amén de que es atravesada por las principales
carreteras del país, el ferrocarril y, sobre todo, el
oleoducto que enlaza a Rusia con el Caspio y el Mar Negro.
En la vecina Daguestán, con
sus 500 kilómetros de frontera marítima, se acumulan las
principales reservas del oro negro a nivel mundial, según
expertos, lo que la convierte en una presa muy apetecible.
Por otra parte, en el plano
subjetivo y muy sospechosamente, existe una sostenida campaña
periodística donde se reitera la "preocupación"
por la existencia de miles de refugiados, de patriotas
independentistas, de violación de derechos humanos, y de
ataques indiscriminados contra civiles por parte de los rusos.
Y aunque el término esté de moda, no se les menciona como
terroristas, tal cual afirma Moscú.
Los principales
"preocupados" por estas acciones son precisamente
los principales dirigentes de las naciones que integran la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN),
incluido el gobierno de Estados Unidos.
LA PERIFERIA DESESTABILIZADA
Ya sea Chechenia, Daguestán
o las repúblicas vecinas, ninguna escapa al llamado síndrome
de la desintegración, que aunque actualmente no es muy
mencionado, existe y sí afecta a la Federación Rusa, dadas
las estructuras del poder creadas luego de la desaparición de
la URSS, establecidas en la Constitución de 1993, donde el
centro se ve dificultado de controlar a la periferia
debidamente.
No debe olvidarse que la
región tiene una mayor relación étnica, lingüística y
confesional con los árabes y los turcos que con los eslavos,
y que no fue hasta 1782 en que Rusia dominó el Cáucaso.
Unido a todo un plan de
desestabilización de esa región, Chechenia se ha convertido
en la punta de lanza que obliga a Rusia a centrar su atención
y recursos en ella, mientras que se pretende, con relativo
éxito, alejarla de las repúblicas de Georgia, Azerbaiyán y
Armenia, al Sur del Cáucaso.
Similar a un enorme tablero
de ajedrez, la convulsionada región espera por los
movimientos de cada una de las piezas en juego. El incremento
del "interés" norteamericano y de sus principales
socios demuestra que no se mantendrán como testigos pasivos
de lo que allí acontece.
Esta última jugada en la que
participa Georgia, y no es de extrañar que sus asesores
norteamericanos, pretende inclinar la balanza a favor de los
que apuestan por la desestabilización total y el desarrollo
de acciones bélicas cada vez mayores, que obliguen al mando
ruso a empantanarse en una guerra de incalculables
consecuencias.
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